La bola mágica del editor

Tener una bola mágica es posible. No para adivinar el futuro que espera a los editores. Pero sí para solucionar una de las papeletas más engorrosas del trabajo editorial: conocer y controlar los procesos editoriales de nuestra empresa.

Entendámonos: no es que ahora mismo no se sepan. La pregunta es quién los conoce y qué tanta realidad contienen esos datos. Por no mencionar el coste de reunirlos y lo que ello significa.


Digámoslo claramente: reunir esos datos, cotejarlos y tomar decisiones con respecto a la foto que nos sale es más o menos como tener un país controlado en la Edad Media. Tienes caballos y jinetes, pero tu país mide cuarenta jornadas de distancia, de lado a lado. Por eso tienes la capital en el centro, ¿verdad?

Tomar decisiones sobre una invasión por el Mediterráneo sólo puede ser efectivo en tales circunstancias en un mundo donde NADIE tiene un teléfono. E indudablemente usar un teléfono en la Edad Media era complicado (de los reyes que murieron aplastados al descolgar el auricular nadie habla ya).

Así pues, hoy en día nos iría de perlas tener un aparato al que hablarle tal que así:

– Dime, oh oráculo sagrado, cómo está el libro “Satán”, cuéntame cuánto le falta a la maqueta y cuánta gente hay trabajando en ella, revélame cuántas correcciones fueron hechas tras mi orden de sacarlo ya al mercado y cuántas personas hay trabajando en otros libros.

– Muéstrame, oh luz benefactora, todo lo que está parado, y da orden de apresurar lo que está retrasado y posponer lo que nadie espera. Muéstrame el camino, oh gran mesías, y procura por nuestros compromisos como nosotros pagamos tu mantenimiento.

Pues bueno, el problema es a veces que un rey pueda reconocer un teléfono sin haberlo visto nunca antes. Pero dicho teléfono existe hoy, en una especie de Edad Media de los sistemas editoriales, y se llama Q4.

Q4 permite asignar tareas de forma electrónica, en vez de hacerlo de viva voz o con un papelito, como puede verse aquí. Y esta tarea llega al destinatario, que debe ir actualizándola. El sistema de consultas de Q4 permite luego hacer todo tipo de preguntas al sistema, y saber con un simple vistazo cómo está todo.

Y luego, además, nos permite priorizar dichas tareas, o cambiarlas de destinatario, y que dichas reasignaciones y priorizaciones lleguen a su destinatario de forma inmediata y con un aviso.

En otras palabras, de repente tenemos un mapa completo y actualizado en el que podemos ver todo nuestro territorio editorial en el estado actual, y dar las órdenes oportunas para protegerlo.

¡Y prometemos que al descolgarlo no te aplasta!

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