El cenagal digital

Para ver mejor cerrar los ojos

No falta una coma en el subtítulo. Es que si la pongo tras “ver”, es correcto, y si la pongo tras “mejor” también. Es la única forma de ver claro entre la selva de ofertas, cuando uno trata de tejer algún camino hacia el futuro de las publicaciones. Yo evité tener que guiar a mi empresa editorial hacia el “negocio digital” encerrándome en una urna de cristal con diez mandriles en celo, en la recepción de nuestra oficina. Consideré el riesgo, y un año después sigo pensando que fue un acierto. Al fin y al cabo los insectos y la fruta son presentes tan exquisitos como un llavero con el logo de un proveedor. Y a cambio, no recibí tantas ofertas como por email.

mandril

En serio, ni siquiera voy a mencionar algunas de las opciones que existen para el éxito, ni las teorías, ni las tendencias, ni las tecnologías. Con tantos sabios diciendo lo que hay que hacer, uno llega a despreocuparse de lo que no hay que hacer. Y eso acaba enfrentándote con el director financiero, cuñado del de recursos humanos. “Tenemos que contratar especialistas. Hay que comprar la última suite de Adobe. Hay que destinar una parte del presupuesto a la web, las redes sociales, community managers. ¡Si no lo hacemos estamos perdidos! ¡Esto es el futuro!”

No habla la persona, habla el estrés postraumático. Sólo cubriéndose con todos los medios y tecnologías más famosos uno puede sobrevivir a la humillación y el despido. Unirse a la manada, hacerse invisible… Si uno no sabe dónde está el peligro lo mejor es correr en grupo hacia donde van los demás, y rezar para que el león se fije en alguien de márqueting, no en nosotros.

¿Indigno? ¿Poco profesional? ¡Ja! Una cosa es no saber hacer tu trabajo, y otra muy diferente es que nadie sepa lo que hay que hacer, y te endilguen el muerto. Lo mejor que puede ocurrir es que el director financiero no apruebe las inversiones, o las recorte sustancialmente, para disponer de un salvavidas hasta que amaine el temporal. Quizá.

Porque concienciar a tu empresa de que no se obsesione, se centre y busque la esencia, los objetivos, las alternativas, que se deje guiar por el sentido común… ¿es eso posible? Pues no, a menos que vistas sandalias, camiseta y rastas, y cobres 1.500 euros por cada hora de charla. ¡Ay amigos! ¿Quién le va a decir al rey que está desnudo? Lo único que se puede hacer es organizarle otro desfile en pleno invierno, pero si uno no tiene un buen sayo a mano para ofrecérselo… ni eso.

rey-desnudo

Y ahí está el problema. El sayo consistiría en encontrar la forma de llevar el coste y tiempo de elaborar buenos productos digitales hasta lo ínfimo y más allá, lo suficiente como para que nuestros jefes no puedan perder su propio empleo, pase lo que pase. Evitar nuevas y costosas tecnologías en vano; no contratar más especialistas de los imprescindibles; demostrar el retorno de cada euro invertido, por lo menos. ¿Obviedades? ¿Lugares comunes? ¿Filosofía de mercadillo? De acuerdo, voy a lanzar dos pedruscos y escondo la mano:

a. Técnica ESADE

Las empresas están caninas. Deben reducir costes y cubrir las publicaciones digitales sin abandonar (de momento) el papel. Sin embargo, en un país en que todos somos el mejor entrenador del mundo, la palabra del técnico no suele tomarse muy en serio. Al fin y al cabo, cobramos más que él, y todos leemos el suplemento de tecnología de El País. Además hemos ido varias veces a una tienda Apple. Así que al final el financiero ejerce de CIO, se gasta una millonada, y en cuanto el proveedor ha salido por la puerta su empresa se queda con un Turbo Záster XL para freír patatas, en vez de una Túrmix, que es lo que necesitaba. Adquirir lo que tiene otro, o lo más caro del mercado: ésa es otra de esas sagaces técnicas de dirección que se mantienen bajo secreto en las escuelas de negocios, sólo para los destinados a la gloria de la alta dirección.

b. Cual perdiz

Ayer era el Flash. Hoy es el HTML5. Ayer imperaba el mobipocket. Hoy vamos por el ePub3. ¿O las apps? Ayer, sólo contaba el IOS. Hoy, Android va en alza. Ayer, los eReaders. Hoy, los tablets. ¿Sigo?
Todos sus competidores optaron por seguir todas esas modas, y se han dejado muchos miles de horas y euros tratando de implantarlas. Y ahora siguen en el punto de partida. Afortunadamente usted no. Usted  fue directo a la yugular del problema. Sabía que su empresa necesitaba un CMS diferente a los que inundan el mercado, que integre papel y digital, con un motor potente de transformaciones que pueda producir casi cualquier formato, con un proceso integrado de digitalización que convierta todas sus páginas de papel en contenidos bien organizados, que puedan recombinarse como un efectivo y sorprendente producto digital al pulsar un botón. Desdichadamente, usted no encontró ese sistema.

El mercado está más revuelto que el estómago de Rajoy cada vez que Aznar coge el micro. Hay una inundación de soluciones varias, un vendaval en medio del océano, sin tierra a la vista, y las decisiones son tan agitadas como lo están las velas, con resultados discutibles.

botijoSeamos sinceros. La tecnología sólo es la solución en sí misma… para los que la vendemos. Se trata sólo de herramientas, y pueden ayudarle o complicarle la vida. Lo que para unos es perfecto para otros puede ser irrelevante o nefasto. Lo verdaderamente importante es que el editor asuma que trabajar en papel y digital –cosa que hoy es casi obligatoria– pasa por otorgar al contenido su rol de core business, hasta ahora casi secundario. Eso significa dos cosas: la primera, asumir ciertas tensiones internas en los procesos productivos, para maridar las tareas “papel” con las “digitales”, y llevar al personal a aceptar esa realidad y acostumbrarse a ella; la segunda, escoger una herramienta de producción con un par de puntos fuertes que se pueda integrar bien con otros sistemas.

A menos que uno desee invertir ingentes y permanentes cantidades de dinero en producir formato tras formato desde cero, el contenido debe ser producido como algo más que un relleno para páginas (que también). Debe gozar de estatus propio, para que un sistema informático sepa identificarlo y pueda transformarlo en producto.

Y eso sólo es el campamento base. Sin él no se puede hacer cima muchas veces sin pagar desde cero todas y cada una de las expediciones.

Saque sus propias conclusiones. Yo sólo sé que desde que me metí en la urna no sólo me he librado de liderar el cambio sin perder el empleo, sino que me han ascendido, y mi actividad amorosa se ha vuelto soportable. Los proveedores entran muy animados, pero pronto se dan cuenta de que no tienen nada que hacer contra los mandriles. Quieren convencerme de que son los más guapos y su herramienta es más poderosa, pero no se atreven a entrar en la urna a mostrarme cómo funciona.

Siento dejarle aquí, pero me reclama Mumbasa. Es cariñoso pero muy agresivo, como a mí me gusta. Le dejo un correo por si quiere que charlemos en otro momento: qsystems@qsystems.es

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