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Los eReaders, en su sitio

Por fin llega lo que siempre debió ser, y que ha constituido una de las piedras en el camino al libro electrónico. El primer eReader a 50 dólares. Es el Aluratek Libre. En buy.com. Desde que empezaron a verse los eReaders circulando, quisieron ser iPods, navegadores e incluso miniportátiles. Y aunque en realidad no estaban diseñados para ello, sus precios sí.

Si no hubieran aparecido decenas de marcas con tablets Android, y Apple hubiera reinado en solitario con su iPad, es posible incluso que hoy siguiéramos pagando el oro y el moro por un cacharrito que lo único que hace bien es mostrarnos un texto en tinta electrónica.

Afortunadamente, en general los eReaders han bajado de precio de forma paulatina e imparable. Esos 50 dólares van a ser un precio muy común (y me atrevería a decir que un precio de gama media o alta) para un eReader en el futuro. Parece su nicho de mercado. Eso… si los tablets se lo permiten.

La avaricia rompe el saco

Recientemente hemos visto un ejemplo de cómo Apple ejerce el poder que se ha ido construyendo con el iPhone y el iPad. Parece legítimo y lógico que quieran usar su plataforma para ganar dinero. No faltaba más. Lo que ocurre es que parecen estarse pasando de frenada. Quizá están acostumbrados a ser una empresa elitista que siempre ha marcado grandes diferencias con los competidores. Pero deberían también recordar que durante unos cuantos años perdieron muchísimo fuelle por exceso de autocomplacencia, y quizá, a pesar de tener de nuevo a Jobs en sus filas, deberían sustituir en sus retrovisores los espejos convexos por espejos planos, porque Google no es Microsoft, y deberían haberse dado ya cuenta.

Mientras ellos dejan sin margen a empresas como iFlow, y sientan graves precedentes para el negocio editorial, Google anuncia que sólo cobrará un 5% por la descarga de apps desde el Market, y que permitirá el negocio sencillo entre editores y lectores en Android.

No es por nada, pero quienes desarrollamos para ambas plataformas ahora mismo tenemos más razones si cabe para seguir haciéndolo, y no vendérselo todo al postor más “guapo”.

Amazon… ¿editor?

Hace tiempo que comentamos entre bambalinas que el freno de la industria editorial a los eBooks puede suponer un riesgo demasiado alto para los pequeños editores. Sin ser analistas, hay ciertos hechos mundanos que conforman un arma de doble filo para la industria:

1) El lector no va a comprar eBooks hasta que tenga un eReader o tablet.
2) El lector no va a comprar eBooks hasta que haya un fondo importante para escoger.
3) El lector no va a comprar eBooks hasta que éstos no bajen de precio.
4) El lector no va a comprar eBooks hasta que la forma de pago y el DRM sea un estándar cómodo.

Lo malo es que la industria en nuestro país ha mantenido el discurso “esto está verde, vamos a ver qué pasa”, amparándose en la estabilidad de esos cuatro factores. Lo malo es que hay otros países, y que las cosas cambian. Que Google, Amazon, Apple o B&N llegaran a España era cuestión de tiempo. Que vieran el agujero de mercado. Que los tablets llegaran y los eReaders bajaran de precio. Todo era cuestión de tiempo. Y el tiempo parece estar agotándose.

El mercado editorial español, en general, sigue esperando una ley que asegure la pervivencia del pasado, sigue esperando a ver lo que hace el de al lado. Que el streaming se imponga. Que se acabe con el P2P. En definitiva, casi casi, que baje un ángel del cielo.

Y mientras baja o no baja, ya han desembarcado Google y Amazon. Y mientras los socios grandes de Libranda tienen fondo como para parar un tren y acondicionar el mercado, no se sabe qué van a hacer los pequeños cuando Amazon decida, además de vender, ser editor, o cuando traiga el self publishing a España, cuando las marcas atraídas por Amazon empiecen a patrocinar a autores, cuando abra tiendas en España como ha hecho en Alemania, cuando ofrezca su popular Kindle también como tablet

En fin, parece estarse gestando un jaque mate por estrangulación, dentro de un tiempo será vender o morir. Ciertas editoras en otros países se están moviendo…

Márqueting patapalo

En nombre de la Cofradía del Parche y el Gancho, quiero elevar una queja hacia la industria editorial en general.

Estudios diversos indican un incremento de ventas en libros, canciones y películas que nuestros asociados adquieren legalmente y comparten desinteresadamente con sus familias y amigos. Nos parece muy poco ético que la industria discográfica saque provecho de una actividad sin ánimo de lucro que llevamos desarrollando desde hace años sin percibir un solo euro.

De la misma forma que nadie para en un restaurante de carretera desolado y luego hace cola en uno abarrotado de gente, los aficionados a la música, a los libros o al cine prestan atención a obras que de otra forma serían desconocidas.

Así pues, queremos reclamar la parte que nos corresponde en los beneficios que dichas compañías están percibiendo a nuestra costa. Si hacen caso omiso de nuestras quejas, nos veremos obligados a constituir editoriales, empresas discográficas y distribuidoras digitales que cobren precios competitivos por las obras descargadas y desarrollen modelos de negocio que aporten más al usuario y al autor.

Ya puestos, exigimos a Google, Telefónica y al Ayuntamiento de Madrid que nos compensen por la ingente cantidad de búsquedas generadas, por incentivar el ADSL, y por descongestionar el centro de Madrid. Si hacen lo que pedimos prometemos no subirle los impuestos a nadie, ni donar miles de  millones a los bancos, ni especular con terrenos y promotores, ni contar milongas a diestro y siniestro.

Jack Torrent Peer

O’Reilly, imparable hacia el futuro

O’Reilly ha puesto en práctica algo que hace ya dos años circulaba de boca en boca en todas las ferias del libro: la impresión bajo demanda.

Ingram Content Group y esta importante editora han llegado a un acuerdo. Ingram proporciona a O’Reilly una vasta red mundial de impresión bajo demanda y distribución.

Desde ahora, los lectores podrán solicitar a O’Reilly cualquiera de sus títulos, gracias a la supresión del modelo antiguo de producción, por el cual las editoras tienen que calcular los stocks por adelantado.

Al suprimir los riesgos, es posible poner al alcance de todo el mundo la totalidad del contenido de la editorial. Sin duda, es algo que podría haberse hecho hace tiempo. Pero requiere de la digitalización del fondo, así como de la aportación tecnológica de sistemas de producción digital avanzados.

O’Reilly, como siempre, se adelanta al futuro. Otro paso hacia el pBook.